PERSONAL

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Sostiene la muñeca, peina su cabello y le estira el diminuto vestido alisándolo, después acercándola a sus labios le susurra unas palabras imitando una conversación con su pequeña amiga.
      —¿A que juegas? ¿A los papás y las mamás? —pregunta una mujer regordeta al observar la muñeca de plástico.
      —¡No! A eso no juego, no me gusta. —Acaricia su propio cabello como segundos antes lo hacía a su juguete—. Shh debes callar, sino mamá vendrá y te reñirá. —Golpeó sus sienes un par de veces con la palma de su mano enfundada. —Escucha ¿No oyes cómo cojea? Viene hacia aquí, ya lo has logrado. ¡Y ahora me obligará a rezar toda la noche en el sótano!
       —¡Tienes que decirnos quien fue! —La mujer pierde la paciencia y le habla a voces—. Daniel prometió guardar el secreto y robó el cuchillo. ¡Ya nos lo contó!
      —María fue quien me dio la idea. —Aclara el hombre alto mientras señala a la muñeca con sus guantes de cuero para evitar contacto alguno con las personas—. Pero no he sido yo.
    —¡Tranquilizaros todos! Debemos colaborar. —Una joven se agarra la cabeza como si se la estuviesen taladrando—. Todos sabemos que Tina lo usó. ¡Yo juro que no fui!
      —¡Bruja! ¡Seguro que tú lo hiciste! —gritan todos a su alrededor atosigándola—. ¡Fuiste tú!
    —¡No! ¡Ya basta! Ella tampoco fue, no seria capaz. —La niña deja de jugar con la muñeca para mirar a su alrededor—. Tina jamás nos haría daño, nos quiere a todos.
     —¡Silencio! Debemos parar de hablar si queremos salir de esta. —La joven mujer grita al grupo de personas que se encuentran a su alrededor, después observa sus muñecas con las vendas sangrantes—. Debemos colaborar. Tina nos quiere matar a todos, es una realidad. Si queremos sobrevivir tenemos que trabajar juntos.

        El policía rodeó la mesa y se sentó en ella para mirar a la cuarentona en la silla a pocos centímetros de él.
      —Necesitamos que colabore. —Observa un segundo a la mujer, a su mirada perdida, al juguete que sostiene en su mano derecha, a las vendas ensangrentadas de sus muñecas y a los guantes negros que lleva puestos en esa tarde de verano—. ¿Cuál es su nombre?
       —Estamos dispuestos a ayudar —dicen todas las voces a la vez, después la cuarentona afirma—. Mi nombre es Tina.
   —Tina, los médicos ya vienen en camino, debe calmarse. —El policía intenta controlar a la detenida para que sus múltiples personalidades la dejen tranquila.

 

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