OSCUROS

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Se sentía extraño. Sabía que hoy no iba a ser un día normal. El aire era más denso y se colapsaba con el polvo que soltaba la carretera seca y agrietada. Michael lo presentía, pero aún así esperaba a su compañero de trabajo recostado en una farola de la esquina. Como cada mañana desde hace dos meses, se encontraban en aquel lugar para recorrer el resto del camino juntos, y si tenían suerte, mirar las piernas de las camareras del bar Boulder.

      Mientras esperaba, observó cómo un hombre mayor repostaba su coche en la gasolinera. En el cielo las nubes se desplazaban extrañamente formando garras imaginarias que se sostenían en la nada, mientras las hojas en las copas de los árboles se chocaban entre sí ocasionando un sonido tétrico. Su compañero Brian se acercaba por la acera de la izquierda, su rostro cansado y colapsado dejaba claro que algo no iba bien. Michael se balanceó de un pie a otro nervioso. En la terraza de enfrente, unos niños tomaban un helado ajenos a un par de sombras oscuras y deformes que se retorcían para llegar hasta ellos. Sabía perfectamente lo que eran y lo que más anhelaban, vivir. Mientras se revolvía nervioso bajo la impotencia de no poder ayudarles, se acercó su compañero.

      —Tú también puedes verlos —dijo Brian con la mirada fija en las sombras que ahora intentaban trepar sobre los pequeños cuerpos—. Yo estoy cagado de miedo. Desde el accidente de coche puedo ver cómo atacan a las personas. ¿Qué quieren?

     —Shh. Calla. ¡Qué no te sientan! ¡No los mires! —Michael sabía muy bien lo que decía. El don de ver a esos demonios lo acompañaba desde niño y le costaba demasiado pasar desapercibido, oculto—. Solo quieren conseguir un cuerpo, una víctima que les permita salir del infierno.

      —He visto cómo atacan a las personas y se introducen por los orificios hasta conseguir controlarlos. —Con el rostro desencajado, Brian dio un paso atrás dejando la pierna derecha debajo de la acera, después clavó su vista en los demonios.

    —¡No lo mires! —Michael fijó la mirada en su amigo para ignorar cómo uno de esos seres oscuros se introducía en el cuerpo de un viejo anciano que conducía tranquilo su Cadillac en dirección hacia ellos—. No debe saber que puedes verlos, de lo contrario te matarán y… —Sin poder terminar la frase, Michael quedó tembloroso en la esquina, segundos después de que el anciano atropellara a su amigo Brian y siguiera el camino como si nada.

 

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