LAMENTABLE DECISIÓN

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Miró cómo sus tres amigos agonizaban en el suelo. No podía ser. Había agotado todas sus fuerzas en intentar salvarlos y dudaba si lo conseguiría. El huracán se alejaba por la costa hacía el sur, dejando destrucción y dolor a su paso. No todo había salido como lo tenía previsto, por eso ahora se debatían entre la vida y la muerte. Sus dedos se deslizaban por el líquido espeso y rojo que soltaba a raudales el hombro destrozado de uno de los chicos. Estaba desesperado.

              Consumiendo sus últimas fuerzas fue arrastrándolos hasta la puerta principal de la casa de María, la única vivienda que el clima había dejado en pie y el único sitio donde estarían a salvo. Golpeó varias veces la puerta hasta que una joven apareció y sin dudarlo, comenzó a entrar a los heridos. Segundos después lo invitó a pasar empujándolo a toda prisa hacía dentro. Entrar había sido un grave error que él no pudo controlar. Pidió perdón en voz alta, suplicó una y otra vez hasta caer de rodillas, su única intención había sido salvar a sus amigos. Inspiró profundamente el olor a sangre que habitaba en la pequeña habitación. Sabía que jamás encontraría el indulto por lo que estaba a punto de hacer. Relamió sus labios, pasó la lengua por sus afilados colmillos, y después los asesino.

 

 

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