PERSECUCIÓN

Gabriela corre por la calle Oldhill con desesperación, gira en la esquina de Stamford y maldice por lo bajo, había olvidado que era un callejón sin salida. Voltea su cabeza y mira hacia atrás, aún tiene tiempo, puede escapar. 

            Tirando con todas sus fuerzas de la escalera de incendio logra que se deslice por los carriles y baje de un golpe, sin pensarlo, comienza a subir a toda prisa. La respiración es entrecortada, producto del intenso pánico que siente en ese momento. Si tan solo hubiera hecho caso a los consejos, no estaría ahora perseguida por él. 

            Da un saltó y trepa por la azotea, observa a los lados, pero no hay dónde esconderse. Piensa un segundo en irrumpir en una casa, da igual si asusta a los pobres vecinos, tiene que sobrevivir. El tiempo se le agota y cada vez está más cerca, puede sentir como pisa sus talones, como llega a acariciar su fino jersey. 

            Ve un complejo bajo de viviendas y unos viejos almacenes, es el lugar ideal, debe llegar hasta allí a toda costa. Sus músculos se tensan y tiembla, tiene miedo. Las lágrimas llenan sus ojos, mientras intenta arrancar el candado que cierra la puerta de uno de los trasteros, si los hubiese escuchado. Gira su rostro y lo mira, desafiante, sabiendo que ya no tendrá escapatoria. Unos segundos después, la vampiresa se desintegra cuando la alcanza la luz del sol.

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